LO QUE USTED DEBE SABER SOBRE LOS MEDICAMENTOS PEDIÁTRICOS
Karina Galarza Vásquez
Cuando un niño presenta fiebre, dolor dental o de cabeza,
tos, molestias estomacales o catarro, sus padres suelen administrarle 1/2 ó
1/4 de tableta o cucharada de medicamento indicado para adultos; ¡grave
error!, pues tal acción puede traerle consecuencias negativas.
Los medicamentos pediátricos están especialmente
diseñados para el organismo del pequeño, tanto en la dosis como
en las características del principio activo. Cabe aclarar que ciertos
laboratorios se refieren a éstos cuando son indicados para niños
de 0 a 5 años, y los llaman infantiles para chicos de 6 a 12 años.
Al respecto, el Dr. Gilberto Castañeda Hernández,
jefe del Departamento de Farmacología del Centro de Investigación
y Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional señala
en entrevista para saludymedicinas.com.mx que "dentro
de este grupo de fármacos tenemos que distinguir cuáles van a
ser utilizados en lactantes, bebés prematuros, niños pequeños
y en edad preescolar y escolar, pues la situación varía en cada
etapa del desarrollo. Lo anterior se debe a que, dependiendo de la edad y peso,
en el organismo del pequeño hay diferencias tanto físicas como
del comportamiento; por ejemplo, un niño de 10 años acepta formulación
oral sólida, es decir, eventualmente puede tomar comprimidos o la presentación
líquida de sabor agradable, pero un lactante o prematuro no".
En cuanto a las diferencias fisiológicas, el entrevistado
explica que "desde el punto de vista científico éstas son
más importantes, ya que, por ejemplo, si tomamos a un adulto como referencia
y le damos cierta fórmula oral, ésta se absorbe y pasa a la sangre
de la misma manera que los alimentos: llega al estómago y luego al intestino
delgado, de modo que fundamentalmente en el primer tercio de este último
(duodeno) se lleva a cabo la mayor parte de la absorción, es decir, el
paso del principio activo a la sangre. En el caso de los niños, la longitud
del duodeno es menor que en el adulto, por lo que si se diera el fármaco
descrito no lo absorbería adecuadamente".
¿La mitad de la enfermedad?
Otro de los aspectos que difieren en niños y adultos
es la cantidad de agua en el organismo, pues en la población infantil
es mayor, provocando que la distribución de los medicamentos en los tejidos
cambie. Por otra parte, en el caso de bebés prematuros hay que tomar
en cuenta que la función de sus riñones no está bien desarrollada,
lo que altera la expulsión de muchos fármacos por la orina. Asimismo,
"se debe considerar que, en general, las formulaciones se eliminan más
lentamente en el niño; entonces, si éste ingiere una dosis que
no se desecha como es debido, al darle la siguiente toma todavía se mantiene
cierta cantidad de la sustancia activa, la cual va acumulándose y puede
derivar en intoxicación.
Dicha situación queda perfectamente resumida en cierto
anuncio publicitario de los años 60 y 70: "El niño no es
un adulto chiquito ni tiene la mitad de la enfermedad, sino hay que considerarlo
paciente especial". Por ello, las formulaciones indicadas para los pequeños
generalmente se ofrecen en gotas, jarabes, suspensiones y tabletas masticables,
presentaciones que son bien aceptadas y tienen cierto perfil de dosificación
diferente en el adulto (esto último también se aplica a soluciones
inyectables).
"No se deben ajustar cantidades deliberadamente, por ejemplo,
si un adulto pesa 60 kilos y toma cierto medicamento no significa que un pequeño
de 20 kilos debe recibir la tercera parte del fármaco pues, como se dijo,
hay diferencias básicas en su intestino, riñones y cantidad de
agua corporal. Por el contrario, cada medicamento infantil debe prescribirse
en la dosis adecuada, la cual se adecuará conforme aumentan edad y peso
del paciente", señala el Dr. Castañeda Hernández.
"Asimismo -agrega el farmacólogo-, es necesario
considerar que hoy en día las autoridades de varios países, incluido
México, solicitan a las compañías farmacéuticas
que para establecer las bases racionales de la medición realicen ensayos
terapéuticos específicos en menores a fin de conocer la dosificación
recomendable. Este proceso en cierta medida es complejo, porque en primera instancia
se hacen pruebas en animales, después en adultos sanos para conocer si
hay efectos tóxicos y reacciones adversas (en un enfermo no se podría
apreciar); los menores no pueden ofrecerse como voluntarios porque no tienen
la edad legal para dar su consentimiento. Por tal motivo, para definir las dosis
se recurre a pruebas en chicos enfermos que necesitan curarse, manteniéndolos
bajo estricto control médico".
Otra cuestión que ayuda mucho es el conocimiento de la
fisiología del infante, es decir, saber cómo funciona su hígado,
riñón, tracto gastrointestinal y sistema circulatorio; así,
los farmacólogos pueden tener mejor idea sobre la dosis que deben administrar.
En ocasiones también puede determinarse con base en la superficie corporal,
para lo cual el médico debe recibir entrenamiento.
También hay que considerar que "combinar medicamentos
es más peligroso en niños que en adultos, lo que ocurre con frecuencia,
ya que antes de llevar al pequeño al pediatra, los padres prefieren darle
3 ó 4 fármacos distintos. Resta decir que el niño es un
paciente frágil, más aun mientras menor sea su edad, por lo que
es fundamental contar con asesoría y control médico por parte
del especialista", puntualizó el Dr. Castañeda Hernández.