Salud y Medicinas  
        
 
 
 
El médico de nuestros días  
 
 
 
 
 
Articulos Relacionados
 

EL MÉDICO DE NUESTROS DÍAS

Rafael Mejía

El panorama de la salud es tan cambiante y vertiginoso que casi todos los días tenemos noticias sobre nuevos logros, retos, descubrimientos y avances tecnológicos en la materia; empero, hay algo que no ha cambiado desde hace siglos y que permanecerá inmutable: la vocación del médico para aprender y servir a quien padece una enfermedad.

Los beneficios que ha generado la Medicina son prácticamente imposibles de cuantificar, pero queda claro que son responsables de que cada generación tenga una promesa de vida más saludable y prolongada con respecto a sus antecesoras, y que todo ello es posible gracias al trabajo de personas con el deseo de investigar, aprender y aplicar procedimientos y terapias.

Combate y prevención de enfermedades no se detiene, sino que sucede a diario, y los estudios científicos son tan rápidos que los conocimientos actuales pueden cambiar dentro de poco, exigiendo la continua preparación de los facultativos y un perfil determinado en su personalidad, tal como afirma el Dr. Carlos Viseca Treviño, jefe desde hace más de 21 años del Departamento de Historia y Filosofía de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en entrevista para saludymedicinas.com.mx.

A fin de comprender mejor este tema, el especialista y catedrático juzga que la Medicina, aunque difícil o imposible de definir, se entiende como “un conjunto de conocimientos en relación con el ser humano y las alteraciones o cambios a que es susceptible, incluyendo en esto tanto a lo que le enferma como a lo que le permite alcanzar una mejor calidad de vida. A través de la comprensión de estas ideas se tratan de crear condiciones en beneficio de las personas que, en términos generales, permitan la posibilidad de ser feliz”.

Como consecuencia de esto, señala que el médico es un individuo con la capacidad de aplicar lo antes dicho, y que para ello necesita cumplir tres puntos básicos: poseer una amplia dimensión de conocimientos, entender al paciente como un ser complejo y hacer del ser humano el centro de sus esfuerzos.

La importancia del compromiso
Yendo más a fondo sobre estos aspectos, el Dr. Viseca Treviño explica que la necesidad de aprender nuevos conocimientos no es responsabilidad exclusiva de los estudiantes, sino de cualquier médico “hasta el final de sus días”, pero aclara que esta labor se ha visto dificultada en la actualidad porque “la información se ha multiplicado mientras que los días siguen siendo de 24 horas y los seres humanos somos los mismos”.

Hasta hace poco tiempo, afirma, “cualquier facultativo podía leer las revistas y libros más importantes, primero sobre toda la medicina y luego, al menos, sobre su especialidad; ahora esto es imposible si pensamos en la cantidad de publicaciones médicas que aparecen cada mes. Es por esto que el médico de hoy, más que saber todo, debe contar con el sólido hábito de revisar materiales nuevos, pero también con una capacidad inmensa de discriminación”.

En esta búsqueda de información reciente y científicamente validada, el Dr. Viesca comenta que el médico de nuestros días debe crear un espacio diario o a la semana en que se dedique a adquirir información, misma que puede obtener a través de recursos útiles como “bancos de datos en Internet, donde se seleccionan artículos de diversas publicaciones, y revistas en línea, que son más accesibles y económicas”. Asimismo, es importante que contemple el intercambio entre colegas, que se realiza al asistir a seminarios, cursos y diplomados de capacitación y actualización.

Por lo que respecta a la comprensión del ser humano asegura que, para tal fin, se debe contar con un bagaje que conste de temas de Medicina, biología molecular y ciencias básicas, pues de lo contrario “se estaría en una inmensa desventaja para atender los problemas en términos modernos, pues las enfermedades se investigan cada vez más a nivel molecular”.

El especialista opina que todo este conocimiento, aunque se refiera a estructuras diminutas, debe entenderse como una parte del gran todo que es el ser humano. “Uno de los grandes problemas de la Medicina ha sido quedarse en la disección, en buscar fragmentos cada vez más pequeños para estudiar, siendo que no se debe perder de vista que los fenómenos celulares y moleculares suceden dentro de un organismo”.

Como parte de esta idea, añade que el galeno de nuestros días también debe tener conciencia de que los individuos, además de la naturaleza biológica, poseemos una dimensión social “e incluso estamos inmersos en un ecosistema”, ya que sólo gracias a ese punto de vista global se puede comprender la totalidad del paciente y de los problemas que le aquejan.

Otro punto destacado radica en adquirir una perspectiva basada en el ser humano, es decir, antropológica. “Se ha criticado a la labor médica, y con justa razón en ocasiones, de que se ha tecnificado en demasía o se ha convertido sólo en el estudio de la enfermedad. Por eso no podemos olvidar una de las características del buen médico de todas las épocas, que consiste en hacer del paciente el centro de su interés y entender que el enfermo no es un ser extraño, sino un semejante”.

Ahonda al respecto: “Sabemos que una enfermedad se distingue por lesiones y síntomas evidentes, pero puede haber malestares que no se manifiestan con la misma intensidad o que técnicamente escapan de los parámetros convenidos. Sin embargo, el médico que ubica al ser humano como el centro de su atención entenderá el lenguaje del cuerpo, de los gestos y forma de hablar del paciente, y sabrá en qué momento anda algo mal en el individuo y hay necesidad de actuar”.

En contraparte, señala que el facultativo también debe contemplar el hecho de que, a pesar de sus esfuerzos, el paciente al que atiende puede llegar a morir. “El médico no debe obsesionarse en buscar la inmortalidad, sino reconocer las condiciones en que razonablemente se puede luchar por la vida. Ya lo dice el viejo mito de Asclepius, un personaje que recibió el castigo de Zeus (dios de máxima envergadura de la cultura griega) por resucitar a los muertos, es decir, por tratar de romper el orden natural de las cosas”.

El secreto para cumplir con estos tres puntos, mismos que se han mantenido a lo largo de los siglos, es “una cuestión de actitud que implica una gran responsabilidad, la cual está marcada por el famoso juramento hipocrático pero que, ante todo, se asume con uno mismo al tratar de cumplir con el cometido médico en términos de lo humanamente posible”.

Logros y cuentas pendientes
Al ser cuestionado sobre la viabilidad de estas ideas en los sistemas de salud pública, caracterizados por sobrepoblación en hospitales y falta de recursos, el Dr. Viseca Treviño sostiene que sí es posible, siempre y cuando se esté conciente de lo que se quiere. “En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se programan cuatro consultas por hora, y sabemos que no todos los pacientes requieren 15 minutos de atención, sino mucho más. Sin embargo, los enfermos entienden la situación y cooperan si se les aborda correctamente, de modo que cuando hay un trato humano son receptivos a comprender que habrá días en que se les dará menos tiempo y otros en que recibirán la atención adecuada”.

El catedrático y cirujano de profesión acepta que no es fácil lograr este equilibrio, pero asegura que ha vivido este tipo de situaciones en carne propia como trabajador en estas instituciones “y sí se puede; es cuestión de intentarlo, de organizar el tiempo en función de la labor médica y poner las cosas en su lugar”.

Sobre el “reclamo social” que surge sobre la falta de soluciones médicas a enfermedades como mal de Alzheimer (degeneración de neuronas que lleva a la pérdida de memoria y funciones mentales), cáncer (reproducción de células anormales que generan tumores) o sida (debilitamiento del sistema de defensa por infección del virus de inmunodeficiencia humana), subraya que se han hecho todos los esfuerzos necesarios para combatirlos y no descarta que en un futuro cercano se encuentre la ansiada cura.

Precisa al respecto: “sobre este tema es importante hacer notar que alguien con estas enfermedades, hace 15 o 30 años, entendía su condición como sinónimo de muerte. Sin embargo, ahora se puede recibir cada vez mejor medicación y tener la posibilidad de vivir durante más tiempo, a veces en muy buenas condiciones. Los médicos buscamos y deseamos una cura definitiva, pero también sabemos y entendemos que hay límites en términos de conocimiento que nos impiden lograrlo en este momento”.

Así, aunque reconoce que hay cuentas pendientes, enfatiza en que los logros obtenidos por la Medicina son dignos de mención y un ejemplo claro de su función. “Me parece que los éxitos en materia de salud pública han sido importantísimos, por ejemplo. Tanto medidas de sanidad como la creación de vacunas han salvado muchas vidas y disminuido notablemente el embate de posibles epidemias. Se ha hablado en fechas recientes de la neumonía atípica, de la cual se conocen poco menos de 20 decesos, pero si pensamos que la peste negra mató a 25 millones de personas en Europa en 13 años (de 1347 a 1360), las diferencias son notables”.

El especialista comenta que otro tanto hay que decir a favor de los transplantes, antibióticos, obtención del mapa del genoma humano, avances en cirugía o el conocimiento de enfermedades ocasionadas por desnutrición, mismas que “nos ha ayudado a tener alimentaciones más equilibrada”. Pero en particular, el Dr. Carlos Viseca enfatiza en el caso de dos mexicanos cuyo esfuerzo ejemplifica el quehacer del médico de todos los tiempos:

“Uno de ellos fue el Dr. Eliseo Ramírez, quien fue el primero en describir los cambios en los tejidos de la mucosa vaginal y fue el precursor del sistema creado por Nicolás Papanicolau para detectar en forma temprana alteraciones del útero; incluso fue reconocido por este científico griego el artículo en que describe el diagnóstico a nivel celular del cáncer.

“El otro fue el Dr. Maximiliano Ruiz Castañeda —añade—, quien creó la vacuna contra el tifo (enfermedad transmitida por insectos que genera dolor de cabeza, escalofrío, fiebre y granos), misma que se aplicó en Polonia, salvó a muchas vidas y dejó de emplearse porque se comenzó a controlar con ayuda de fumigaciones con DDT. Además de esto, el mismo médico hizo algo extraordinario: inventó un medio de cultivo mixto, con una parte líquida y otra en gel, que es lo único que permitió obtener penicilina a gran escala”.

Por todo ello, el Dr. Viseca Treviño concluye que los ejemplos de ambos médicos permiten clarificar cuál es la responsabilidad que se debe asumir frente al paciente y a su sociedad, a fin de colaborar en su beneficio y mejoramiento, y finaliza en que los galenos deben seguir poniendo mucho empeño de su parte para trabajar con eficiencia, a pesar de las limitaciones, porque “el pueblo mexicano ha ganado infinitamente más que todos los problemas que ha sufrido”.

Regresar a la página anterior

Home Directorios Esquemas Biblioteca Primeros Auxilios Contacto
Padres e Hijos Mujeres Hombres Homeopatía Tercera Edad Jovenes Nutrición Belleza
Copyright© 2000-2010 Grupo Multicolor

 
Más sobre
Búsqueda avanzada (¡nuevo!)
Artículos encontrados
Medicinas encontradas
Productos encontrados