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Trasplante de córnea, solución confiable a la vista  
 
 
 
 
 
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TRASPLANTE DE CÓRNEA, SOLUCIÓN CONFIABLE A LA VISTA

Karina Galarza Vásquez

En los últimos años la cirugía oftalmológica ha mostrado alta eficiencia, efectividad y confort. Así, el procedimiento para trasplante de córnea es uno de los más exitosos y, conforme pasa el tiempo, las técnicas quirúrgicas mejoran.

La córnea es una porción anatómica del ojo que se localiza en la parte frontal de dicho órgano; tiene la función de permitir el paso de la luz a las porciones interiores, además de proteger otras estructuras oculares. Su forma es similar a la de un casquete esférico con diámetro medio de 11.5 milímetros (mm), así como espesor central de 0.5 mm y periférico de 0.8 mm. Para que cumpla sus funciones es necesario que posea curvatura y tamaño adecuados, y es indispensable que sea totalmente transparente.

“Lo anterior podemos ejemplificarlo con el símil de la cámara fotográfica, pues aunque este aparato esté bien construido, cuando su lente está manchado se obtienen fotografías defectuosas. Lo mismo ocurre con la córnea, tejido que al perder su transparencia disminuye la agudeza visual en grado variable. Incluso, el individuo podría percibir sólo luz y bultos”, explica el Dr. Antonio Ríos Garza, oftalmólogo especializado en el Hospital General de México de la Secretaría de Salud (Ssa), en el Distrito Federal.

Ante estos problemas, se tiene como opción el trasplante de córnea, mismo que se efectúa en muchos hospitales y se recomienda a personas con problemas de visión ocasionados por adelgazamiento y cicatrización de ese tejido ocular (a causa de infecciones o lesiones graves) y pérdida de la visión causada por opacidad.

Deterioro
De acuerdo con la Dra. Rocío Gómez Dávila, especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional Siglo XXI, perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y localizado en la Ciudad de México, cada año se atiende a casi 1,600 derechohabientes con diversos padecimientos oftalmológicos, y la demanda de consulta diaria promedio fluctúa entre 25 y 28 pacientes, de los cuales entre 8 y 10 necesitan dicha cirugía.

Muchas son las causas que determinan que una córnea se opaque parcial o totalmente; entre ellas se encuentran la cicatrización producida por heridas, quemaduras, úlceras o infecciones graves, lo que se traduce en la formación de tejido opaco, que si bien es benéfico para conservar el ojo, resulta dañino para la función óptica.

“En otros casos, como el del queratocono (adelgazamiento progresivo de la córnea que pierde su forma curva y se torna cónica), la deformación corneal es seguida por la presencia de leucomas centrales (manchas) que afectan aún más la deteriorada visión del ojo. Cualquiera que sea la causa, el resultado final es el mismo: disminución de la transparencia del tejido con la consiguiente pérdida de la vista”, agrega la oftalmóloga.

Se recomienda el trasplante de córnea por las siguientes razones:

  • Óptica. Cuando se pretende restituir la visión.
  • Tectónica. Si el trasplante va encaminado a reparar una lesión
  • Terapéutica. Al buscar solución definitiva a una enfermedad corneal que no se ha podido controlar por otros medios.

La especialista del IMSS detalla que los problemas de córnea afectan a hombres, mujeres, niños y adultos, y sus principales factores de riesgo son lesiones o golpes en el globo ocular, nulo cuidado de los ojos, infecciones de origen bacteriano y micótico (por hongos), alteraciones palpebrales (en párpados) y males degenerativos.

Nuevas córneas
El reemplazo de córneas dañadas puede lograrse, teóricamente, mediante dos recursos sustancialmente distintos. El primero, como en el caso del cristalino artificial, consiste en utilizar cualquier material que tenga propiedades semejantes al tejido, como implante o prótesis.

El segundo utiliza la misma estructura obtenida de otros seres vivos y se denomina, entonces, injerto o trasplante. En este caso existen tres opciones: órgano proveniente de especie animal (xenotrasplante), tejido proveniente de otra persona y, finalmente, aquel que se obtiene del mismo individuo.

“Si bien hay diferentes recursos, es importante tener presente que el trasplante de córnea sólo se hace con tejido de algún ser humano (donador cadavérico) que antes de fallecer haya dispuesto donar sus órganos. Esto se debe a que ningún tejido o material distinto ha podido ser implantado con éxito”, advierte el Dr. Ríos Garza.

Además, señala que para que algún paciente sea candidato a esta cirugía es imprescindible tener la certeza de que su deterioro visual se debe exclusivamente a daño corneal, ya que, de no ser así, la intervención tendrá poco o nada de éxito. “Esto implica valoración muy cuidadosa por parte del médico, quien decidirá, una vez terminados todos los estudios, si el individuo puede ser operado o no”.

Procedimiento
La cirugía que nos ocupa es bastante común y ha mostrado buenos resultados. La probabilidad de rechazo es menor que la de cualquier otro órgano trasplantado, lo que se debe a que la córnea no tiene vasos sanguíneos. Tomemos en cuenta que en el caso de otros órganos se suele presentar incompatibilidad entre donante y receptor, proceso mediado por células sanguíneas.

La intervención quirúrgica se efectúa en el momento en que existe alguna córnea utilizable, por lo que tanto paciente como cirujano deberán estar disponibles desde el momento en que se ha decidido llevarla a cabo. Bajo anestesia general y mediante instrumento llamado trépano circular, el cirujano retira del afectado la porción de córnea dañada y coloca en su sitio la porción equivalente de la córnea donante; esta última se sutura en su sitio con material sumamente delgado.

“La vigilancia después de la cirugía debe ser muy estrecha para evitar y controlar cualquier complicación. Habitualmente el médico prescribe el uso de gotas de antibióticos y cortisona por algún tiempo, para evitar infecciones y reducir al máximo la inflamación”, acota el Dr. Ríos.

Es obvio que cualquier actividad física brusca estará proscrita hasta la total cicatrización de la herida, lo que puede llevar varios meses. Además, es muy importante que todo paciente tenga presente que los resultados visuales son lentos, por lo que en ocasiones es necesario esperar de 6 a 9 meses para evaluar el resultado final.

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